Expedición por el río Congo, 35 días en el corazón de África

Austerio Alonso 2 de septiembre de 2026

Introducción a un viaje por el río Congo de 35 días

En 2023 realizamos una expedición de 35 días por la República Democrática del Congo, recorriendo alrededor de 2.000 kilómetros por río, selva y pistas. El eje principal del viaje fue la navegación del río Congo desde Kisangani hasta Mbandaka, utilizando piraguas motorizadas y embarcaciones locales, y desviándonos por sus afluentes para alcanzar algunos de los lugares más remotos de la cuenca del Congo. Aquí os lo cuento con todo detalle.

Esto es la República Democrática del Congo

Cuando en aquel viaje de 2023 salimos de Kinshasa teníamos una ruta, un plan.

Treinta y cinco días después teníamos una historia completamente diferente. Y vaya historia.

Hay nombres que pertenecen tanto a la geografía como a nuestra imaginación y cuando se recorren permanecen imborrables en nuestra memoria. Congo es uno de ellos.

El Congo no es solamente una inmensa corriente de agua: es historia, exploración, selva y leyenda. Un nombre cargado de relatos que, durante generaciones, ha simbolizado lo remoto y lo desconocido. Todavía hoy en día pocos nombres o pocos viajes evocan tanto como el de Congo.

Han pasado tres años y medio y recuerdo este viaje por el rio Congo como ningún otro. Porque hay lugares que continúan viajando contigo mucho después de haber regresado. Podría afirmar que lo mismo le sucede a las otras 20 personas con las que compartí viaje aquellas semanas. Dieciséis viajeros, tres barqueros y un guía local. Uno nunca volvió.

Mi primer viaje al río Congo años antes…

No era la primera vez que navegaba el río Congo, lo había navegado años antes con mi amiga Maria Ruiz en pequeñas piraguas. Por tramos esas piraguas no tenían ni motor, simplemente a remo. En aquella ocasión, no conseguimos llegar a Mbandaka ya que enfermé en la selva de Lomako y tuvimos la suerte de tomar un vuelo de misioneros.

En aquel viaje iniciático también experimentamos con fuerza lo que significa adentrarte en esta parte del mapa africano. De aquel viaje loco, llego una propuesta más loca todavía: 35 días navegando por la cuenca del Congo

Congo: navegar un mito

El río Congo se ha asociado durante siglos a exploradores, comerciantes, misioneros y aventureros; al Estado Libre del Congo de Leopoldo II; a Stanley y las grandes expediciones europeas del siglo XIX; y, sobre todo, a Joseph Conrad y El corazón de las tinieblas, la obra que contribuyó decisivamente a construir en Occidente la imagen de un Congo remoto, impenetrable y oscuro.

Pero existe otro Congo.

El de millones de personas que viven junto al agua. El de los pescadores que salen cada madrugada en sus piraguas, las familias que habitan poblados levantados sobre pilotes, los mercados fluviales y las grandes embarcaciones destartaladas conocidas como balaniers que transportan personas, animales y mercancías entre ciudades separadas por cientos de kilómetros de selva.

Viaje por el río Congo desde Kisangani a Mbandaka

En 2023, Kumakonda reunió a un grupo de 16 viajeros internacionales para adentrarse durante 35 días en la República Democrática del Congo, navegando el mítico río Congo en sin duda su tramo más espectacular desde Kisangani a Mbandaka, 1000 kilómetros de expedición en la arteria principal de África central y en algunos de sus afluentes.

Nuestro recorrido comenzó en Kinshasa y nos llevó en avión hasta Kisangani. Desde allí navegamos río abajo por el Congo, pero nuestra intención no era simplemente seguir su curso.

Queríamos abandonarlo y penetrar en la inmensa red de ríos y selvas de la cuenca congoleña, y así lo hicimos

Terminamos viajando en avión, embarcaciones grandes, 4×4, taxis, piraguas y motocicletas; recorriendo más de 150 kilómetros en motos por pistas embarradas prácticamente inexistentes y navegando durante semanas por algunos de los grandes ríos de África ecuatorial.

Viaje al rio Congo
Orillas del rio Congo

Posiblemente el viaje que más me ha marcado en mi vida

Y como sucede siempre en el Congo y en las verdaderas expediciones, llegó un momento en que el viaje dejó de obedecer a nuestros planes.

Este viaje que guie yo mismo en la primavera de 2023 se convirtió en el gran viaje de mi vida. Llevaba muchos años viajando por el continente africano y había vivido expediciones y grandes aventuras pero lo sucedido y lo vivido en aquel viaje fue un paso más allá. Tuve la inmensa fortuna de contar en su mayoría con un increíble grupo de viajeros y entre todos salimos de aquella espesa bruma que inundó la selva congoleña.

Encuentro y visitas con el grupo en Kinshasa

Antes de lanzarnos a navegar el río Congo, Kinshasa nos ofreció una primera fascinante y loca inmersión en el país. Una megalópolis caótica, creativa y desbordante de vida donde tradición y modernidad conviven a un ritmo frenético.

Visitamos el Museo Nacional de la República Democrática del Congo, una magnífica introducción a la riqueza cultural de un territorio habitado por cientos de pueblos y poseedor de algunas de las tradiciones culturales más importantes de África Central. En Lola ya Bonobo conocemos de cerca a estos grandes primates, endémicos de la República Democrática del Congo y uno de los grandes símbolos de su biodiversidad.

Viajes a Congo
Visita del interesante museo nacional de Kinshasa

Lola ya Bonobo, el santuario de nuestros parientes más cercanos

A las afueras de Kinshasa, entre colinas cubiertas de vegetación, se encuentra Lola ya Bonobo, uno de los proyectos de conservación más importantes de la República Democrática del Congo. Su nombre significa “el paraíso de los bonobos” en lingala, una descripción bastante acertada para este gran espacio de bosque donde viven bonobos rescatados del tráfico ilegal y de la caza furtiva.

Los bonobos (Pan paniscus) constituyen una especie única: viven exclusivamente en los bosques de la República Democrática del Congo, al sur del río Congo, y junto con los chimpancés son nuestros parientes vivos más próximos. Su compleja organización social, marcada por fuertes vínculos entre las hembras, la cooperación y una sorprendente variedad de comportamientos sociales, los convierte en uno de los primates más fascinantes de África.

La visita nos permitió observarlos en amplios recintos forestales y pudimos conocer el trabajo de rehabilitación que busca, siempre que sea posible, devolver algunos individuos y sus descendientes a los bosques del interior del país.

KinAct y los Sapeurs: Kinshasa como escenario

Kinshasa es una ciudad donde el arte desborda galerías y museos para ocupar directamente la calle. Una de sus expresiones más sorprendentes es KinAct, un movimiento y encuentro de artistas y performers que utilizan el espacio urbano como escenario, creando personajes impactantes con máscaras, objetos cotidianos, materiales reciclados y residuos recogidos en la propia ciudad. Sus performances, provocadoras y profundamente visuales, hablan del caos urbano, la contaminación, la política, la identidad y la realidad cotidiana congoleña.

Como siempre desde hace años en Kumakonda, durante nuestra estancia tuvimos la oportunidad de acercarnos a algunos de estos artistas y presenciar sus performances callejeras: figuras casi irreales que avanzan entre mercados, motos y peatones, interactuando con una ciudad que se convierte espontáneamente en parte de la obra.

Viaje Rio Congo
Performance en las calles de Kinshasa

En otro registro completamente diferente aparecen los Sapeurs, seguidores de La SAPE —Société des Ambianceurs et des Personnes Élégantes—. Trajes impecables, zapatos brillantes, sombreros, bastones y combinaciones de colores imposibles forman parte de un elaborado ritual de elegancia y actitud. Más que una simple obsesión por la moda, la SAPE es una particular forma de afirmación personal y de representación social.

KinAct y los Sapeurs muestran dos caras de una misma Kinshasa: extravagante, orgullosa, irreverente y extraordinariamente creativa, una ciudad donde salir a la calle puede convertirse en un espectáculo.

Entre arte, música, tráfico y el incesante pulso de sus calles, Kinshasa es la puerta de entrada perfecta a un Congo complejo y fascinante. Desde aquí comienza nuestro encuentro con el gran río.

Tomamos un vuelo hasta Kisangani, la antigua Stanleyville, situada en el corazón de la cuenca congoleña. Aquí comenzaría nuestra navegación.

Rio Congo
Sobrevolando el rio Congo hacia Kisangani

Kisangani, donde comienza nuestra aventura

En el corazón de la inmensa selva ecuatorial congoleña, Kisangani vive inevitablemente ligada al gran río. La antigua Stanleyville conserva el aire de aquellas remotas ciudades fluviales nacidas durante la exploración y colonización del interior de África, aunque hoy sus calles, mercados y viejos edificios muestran las cicatrices de una historia mucho más compleja.

Es una ciudad agradable de pasear, con buenas terrazas junto al río y un mercado y puerto siempre interesante.

Aquí el Congo deja de ser solamente un río para convertirse en la gran vía de comunicación del país. Piraguas, pequeñas embarcaciones, ballenières y grandes barcazas cargadas de mercancías y pasajeros forman parte de un paisaje cotidiano que apenas ha cambiado en algunas de sus formas esenciales.

Para nosotros, Kisangani fue además el verdadero comienzo de la expedición y de una primera noche de juerga.

Aquí compramos provisiones y material, negociamos las piraguas, motores y tripulación y acondicionamos nuestras embarcaciones con toldos y sillas para afrontar los largos días de navegación. Desde Kisangani nos esperaba uno de los grandes viajes fluviales de África: descender el río Congo hasta Mbandaka pasando por la Reserva de Fauna de Lomako en busca de bonobos… o eso nos pensabamos.

Travel river Congo

Los Wagenia, pescadores de los rápidos del río Congo

En las afueras de Kisangani, los Wagenia mantienen una de las técnicas de pesca más espectaculares del río Congo. Durante generaciones han aprendido a aprovechar la enorme fuerza de los rápidos, construyendo sobre las rocas grandes estructuras de madera a las que fijan ingeniosas trampas y cestas destinadas a capturar los peces arrastrados por la corriente.

Trabajar en medio de estas aguas exige un extraordinario conocimiento del río. Los pescadores avanzan entre rocas y pasarelas de madera mientras el Congo ruge bajo sus pies, revisando unas estructuras construidas y reparadas mediante técnicas transmitidas de generación en generación.

Más que una simple forma de obtener alimento, la pesca Wagenia representa una adaptación excepcional al río y una tradición estrechamente ligada a la identidad de esta comunidad. Contemplar a los pescadores trabajando entre los rápidos es una de las imágenes más poderosas de Kisangani y nuestro primer gran encuentro con las culturas del Congo fluvial.

Hay que señalar que estas pesquerías están en desuso, ya que cada vez hay menos pesca debido al aumento de la población, la sobrepesca y también a la contaminación de las aguas.

Preparativos de viaje

Una expedición por el río Congo comienza mucho antes de ponerse a navegar. En Kisangani tuvimos que preparar prácticamente desde cero todo lo necesario para las semanas de navegación.

Primero había que encontrar y negociar las embarcaciones y los motores adecuados, contratar a la tripulación y calcular el combustible necesario para recorrer cientos de kilómetros por el río y sus afluentes. Los precios que piden en la RDC son normalmente astronómicos y hacen falta días de negociación. Después comenzamos a transformar las grandes piraguas en nuestro medio de transporte y, durante muchas jornadas, en nuestra pequeña casa flotante.

Viajar a Congo
Esperando en el puerto de Kisangani

Instalamos toldos para protegernos del sol ecuatorial y de las lluvias tropicales, colocamos sillas y organizamos espacios para el equipaje, el combustible, el agua y las provisiones. En los mercados de Kisangani compramos alimentos, utensilios de cocina y todo aquello que necesitaríamos en lugares donde no podíamos contar con encontrar suministros.

Durante la expedición cocinábamos nosotros mismos sobre las piraguas. Mientras navegábamos por el Congo, una parte de la embarcación se convertía en cocina y otra en comedor, almacén y lugar desde el que contemplar durante horas cómo pasaban las orillas y las aldeas del río.

Cada parada servía también para reabastecernos. Comprábamos pescado fresco, frutas, mandioca y otros productos en los mercados o directamente a pescadores y pequeñas piraguas que se acercaban a nosotros.

Viajar al rio Congo
Los almuerzos del medio día los preparábamos y cocinábamos entre todos dentro de la piragua

Aquella embarcación sencilla, preparada por nosotros en Kisangani, terminó convirtiéndose en el centro de nuestra vida durante semanas. En una expedición por el Congo no basta con recorrer el río: hay que aprender, poco a poco, a vivir sobre él.

Comienza el viaje por el río Congo

Tras los preparativos, dejamos Kisangani y comenzamos a descender el gran río hacia el oeste. Solo cuando se navega durante días se empiezan a comprender las verdaderas dimensiones del Congo. Hay momentos en los que sus orillas parecen alejarse hasta convertirlo en un pequeño mar interior. Grandes islas cubiertas de bosque dividen el cauce en diferentes canales y, entre ellas, pequeñas piraguas aparecen como puntos diminutos sobre el agua.

Las carreteras son escasas o inexistentes en enormes regiones del país. Por eso el Congo sigue desempeñando la función que los grandes ríos han tenido durante siglos. Todo circula por sus aguas.

Personas, pescado, mandioca, plátanos, carbón, combustible, animales, motocicletas, materiales de construcción y prácticamente cualquier mercancía imaginable. Algunas de las grandes embarcaciones parecen auténticos pueblos flotantes, sobrecargadas de pasajeros y productos.

Nosotros avanzábamos lentamente, deteniéndonos en poblaciones, mercados y pequeños embarcaderos.

El viaje estaba en el río.

Rio Congo

Baleinières y ferries: las carreteras del Congo

En un país donde las carreteras desaparecen durante cientos de kilómetros, el río Congo es la gran autopista. Por sus aguas navegan las baleinières, largas embarcaciones de madera construidas localmente que transportan prácticamente de todo: pasajeros, sacos de mandioca, pescado ahumado, carbón, bidones de combustible, motocicletas, animales y mercancías destinadas a poblaciones aisladas en mitad de la selva.

Junto a ellas avanzan lentamente los grandes ferries y convoyes fluviales, auténticos pueblos flotantes donde centenares de personas pueden pasar días, e incluso semanas, viajando por el río. Las cubiertas se transforman en pequeños mercados improvisados: se cocina, se duerme, se comercia y la vida cotidiana continúa mientras la embarcación avanza hacia el siguiente puerto.

Durante nuestra expedición nos cruzábamos continuamente con estas naves, a menudo cargadas hasta límites sorprendentes. Desde las orillas, pequeñas piraguas se aproximaban para vender pescado, frutas o productos agrícolas a los pasajeros sin necesidad de que el barco se detuviera.

Contemplar uno de estos convoyes permite comprender la verdadera dimensión del Congo. No es solamente uno de los grandes ríos del planeta: es una inmensa red de comunicación de la que dependen millones de personas. Allí donde termina la carretera, comienza el río.

Ferry rio congo

Yangambi: una ciudad científica en la selva

Nuestra primera gran parada fue Yangambi.

Durante la época colonial belga se desarrolló aquí uno de los centros de investigación agrícola y forestal tropical más importantes de África. Todavía sobreviven numerosos edificios e instalaciones de aquella época, rodeados por una vegetación que poco a poco ha ido recuperando espacios.

Construido por los belgas en 1933, Yangambi albergó hasta el año 1962 la sede de investigación más importante del continente africano para el estudio de la agricultura y la silvicultura tropicales: el Instituto Nacional de Estudios Agronómicos del Congo Belga (INEAC), hoy en día rebautizado como Inera, Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Agrícolas.

Durante la época colonial belga fue un importante centro de investigación agrícola y forestal, con laboratorios, viviendas, plantaciones experimentales y numerosas instalaciones levantadas en medio de la selva ecuatorial.

Congo, las huellas de un pasado abandonado

A lo largo del río Congo y también por todo el país, aparecen con frecuencia viejos edificios, instalaciones industriales, almacenes, embarcaderos y construcciones coloniales abandonadas, lentamente recuperadas por la vegetación. Son vestigios de antiguas explotaciones agrícolas, centros administrativos e infraestructuras que en otro tiempo dependieron casi por completo del río.

Hoy, recorrer algunas de sus antiguas construcciones produce una extraña sensación de viaje en el tiempo. Edificios deteriorados, estructuras invadidas por la humedad y la vegetación y restos de aquella enorme infraestructura conviven con una Yangambi todavía habitada y con la actividad científica que ha sobrevivido o está siendo recuperada.

Yangambi resume una imagen que se repetirá durante nuestra navegación: las ruinas de diferentes épocas desapareciendo lentamente bajo la selva, mientras el gran río Congo continúa fluyendo frente a ellas.

Lisala y la antigua misión católica

Continuando río abajo alcanzamos Lisala.

La ciudad ocupa un lugar importante en la historia del Congo contemporáneo y conserva también testimonios de la enorme influencia que las misiones cristianas tuvieron en estas regiones durante el periodo colonial y las décadas posteriores.

Visitamos su antigua misión católica, uno de esos lugares donde arquitectura, religión e historia colonial aparecen inevitablemente entrelazadas y allí pasamos una noche en ese edificio histórico

Las misiones fueron durante décadas algunos de los pocos puntos de contacto permanente entre numerosas comunidades del interior y las estructuras educativas, sanitarias y religiosas introducidas desde Europa. Sus edificios forman hoy parte del paisaje histórico del río y son magníficos lugares donde alojarse y comer.

Lokutu, Mongombo y Bumba, las referencias del mapa

Nuestra navegación continuó hacia Lokutu, Mongombo y Bumba.

Pero los lugares principales a priori en nuestro mapa de papel no eran necesariamente los momentos o sitios más interesantes del viaje. Estos lugares se convertían en luchas burocráticas interminables con las autoridades locales.

Mientras, entre esos pueblos principales que aparecen en los mapas, aparecía continuamente el Congo cotidiano.

Lokutu Congo
Puerto de Lokutu

A orillas del río, el día a día congoleño

Pequeños poblados construidos junto al agua.

Casas levantadas sobre pilotes.

Niños desplazándose en piragua.

Pescadores revisando las redes.

Mujeres transportando productos hacia pequeños mercados.

En la gran mayoría de estas pequeñas comunidades no existen calles ni caminos. El río y sus canales cumplen esa función y las piraguas sustituyen a automóviles y motocicletas.

Durante días tuvimos la sensación de atravesar un mundo construido alrededor del agua.

Los mercados del río Congo

Los mercados fueron uno de los mejores lugares para comprender esa relación. El pescado está presente en todas partes: fresco, ahumado o secado. Grandes capturas procedentes del Congo conviven con pequeños peces vendidos en montones junto a las orillas.

En ocasiones, la compraventa se realiza prácticamente sobre el agua. En algunos encontramos carne de animales silvestres —bushmeat— procedente de la selva, incluyendo primates y cocodrilos.

Viajes a RDC
Carne de caza en los mercados del rio Congo

Lisala, las ruinas del poder de Mobutu

A orillas del gran río, Lisala es una de esas ciudades congoleñas donde el pasado aparece de forma inesperada entre la vida cotidiana. La ciudad está especialmente vinculada a Mobutu Sese Seko, nacido en esta región y gobernante del Zaire durante más de tres décadas.

Durante nuestra parada visitamos el antiguo palacio de Mobutu, una construcción que recuerda los años de poder y excesos del régimen. Pero lo más sorprendente no es tanto su arquitectura como su transformación posterior. Lejos de cualquier función original como ocurre por todo Congo, parte del complejo ha sido reconvertido en escuela, mientras otros espacios son ocupados y utilizados como vivienda por familias locales.

Lisala Congo
Antiguo palacio de Mobutu en Lisala

Aulas improvisadas, niños, ropa tendida y escenas domésticas ocupan hoy espacios concebidos originalmente como símbolo de autoridad y privilegio. Pocos lugares reflejan de manera tan gráfica los contrastes de la historia reciente del Congo: un antiguo escenario del poder convertido, décadas después, en un espacio de educación y vida cotidiana.

Dejamos atrás el río Congo

Después de más de una semana navegando, nuestra expedición cambió completamente. Abandonamos el cauce principal del Congo. Nuestro objetivo era alcanzar Bongandanga y desde allí penetrar en la cuenca del río Lopori hasta la Reserva de Fauna de Lomako y visitar los bonobos. Pero entre nosotros y Bongandanga había más de 150 kilómetros de pistas.

Cambiamos las embarcaciones por motocicletas.

Durante dos días, nuestro grupo de 16 viajeros avanzó en moto por caminos de tierra atravesando selva y pequeñas aldeas. Fue uno de los grandes cambios de ritmo del viaje. Después de días dejándonos llevar por la corriente, ahora cada kilómetro dependía del estado de una pista, del barro, de los puentes y de nuestras motocicletas.

Finalmente alcanzamos Bongandanga. Y allí volvimos al agua donde todo cambiaría.

Bongandanga y el Lopori: hacia el territorio de los bonobos

En Bongandanga vivimos unos días surrealistas, más aún todavía siendo la RDC. Conocimos a un importante hombre de negocios con el que hicimos amistad. Los detalles quedan dentro de los secretos de viaje pero si contaré que vivimos alguna que otra experiencia totalmente loca e impresionante. Una de ellas, acampar en su gran barcaza y navegar con ella en privado rio arriba.

Desde Bongandanga comenzamos a descender el río Lopori.

El paisaje era diferente. Habíamos abandonado la inmensidad del Congo para penetrar en un sistema fluvial mucho más cerrado, rodeado por la gran selva ecuatorial. Las comunidades eran pequeñas y el aislamiento, mucho mayor.

Nuestro objetivo era internarnos en el territorio de los bonobos, uno de los grandes simios africanos y una especie que únicamente existe en estado salvaje en la República Democrática del Congo.

Queríamos alcanzar la reserva de Lomako

Pero nunca llegamos.

De Bongandanga a Basankuso: de todo ir bien, a todo ir mal

En ese descenso de Bongandanga a Basankuso empezamos a respirar un aire hostil. Los problemas en Congo son el día a día pero en esa parte del viaje se empezaba a sentir que las poblaciones locales nos recibían con agresividad y cierta violencia. Siempre, cuando se viaja por Congo RDC las sonrisas y el bienvenido son una constante por muy duro que sea el viaje. Pero todo había cambiado.

Nos vimos involucrados en un conflicto entre la ONG Lola Ya Bonobo (Ekolo ya Bonobo) y las poblaciones locales. El peor lugar en el peor momento. Nos lo comimos entero, mala suerte. Los lugareños pensaban que éramos de esa ONG o que veníamos a defenderla y nos comenzaron a atacar. Simplemente estábamos de paso hacia Lomako.

Por si fuera poco el motor de nuestra lancha se averió por completo y estuvimos parados durante algunas horas hasta que pasó un gran baleiniere al cual nos subimos para descender hasta Basankuso.

Basankusu: cuando todo cambia

Lo que vivimos en Bongandanga y a partir de allí, formará parte de nuestra memoria para siempre. El viaje pasó de ser una gran aventura a convertirse en un verdadero desafío.

Mientras avanzábamos por la región, la situación alrededor de Basankusu comenzó a deteriorarse. Se estaban produciendo graves episodios de violencia relacionados con Ekolo ya Bonobo, un proyecto dedicado a la reintroducción y conservación de bonobos. Pero nosotros no lo sabíamos.

Los acontecimientos eran reales y estaban sucediendo mientras nosotros nos encontrábamos allí. Las noticias que llegaron después hablaban de ataques contra las instalaciones de Ekolo ya Bonobo y de bonobos muertos. También de personas asesinadas

La tensión era muy palpable en Basankusu y en todos los alrededores.

Una terrible noticia que llega por whatsapp

Por si fuera poco recibí un mensaje que venía del rio Congo, nuestros compañeros de viaje congoleños, ósea nuestro equipo local, había sido atacada a la vuelta hacia Kisangani, en el mismo rio Congo.

El mensaje era el siguiente, nos han atacado más de 100 personas en el rio, nos estaban esperando, hemos perdido todo (barco, motores, dinero) y han asesinado a Crispin.

Y entonces llegó ese momento que existe en cualquier expedición seria: aquel en el que el objetivo del viaje deja de importar.

Había que salir.

Renunciamos a continuar hacia Lomako y comenzamos a reorganizar la ruta.

Ya no se trataba de buscar bonobos.

Se trataba de alcanzar Mbandaka y de salir de allí.

Fueron días tensos, llenos de nervios, de miedos, de discusiones, de llamadas, de comunicados. No es fácil gestionar una situación así.

En esas circunstancias salen las verdaderas personalidades. Tengo que decir que me sentí arropado por casi la inmensa mayoría del grupo.

Noticias en media sobre lo sucedido

En esos días y en las semanas posteriores, aparecieron comunicados oficiales por parte de Lola Ya Bonobos, artículos en prensa como estas imágenes del Diario de León, revistas y el posterior libro Bruma Congo de Manuel Felix, pasajero del grupo y periodista de profesión.

Así lo narraría Manuel Felix en el periódico español Diario de Leon:

«Asesinato, tiros y bonobos

Nosotros emprendimos otra aventura salvaje, fuerte, intensa. Desde Lisala cruzamos en otra canoa el río Congo hasta llegar a Mongana. Desde aquí nos subimos a una moto por sendas de selva, barrizales y tormentas amenazantes. Después de varios días de rutas kilométricas, durmiendo donde y cómo se puede, comiendo chiguanga (mandioca fermentada), latas de sardinas o fufú; con motos que se hunden en el fango o les salta la cadena, y con lugareños gritando «mundele» por donde pasas, llegamos a Bungandanga.

Y desde aquí, en otra canoa más vulnerable por el río Lopori hasta su confluencia en el Lulonga (parando y viviendo tres días con un capo dueño de maderales de selva), logramos llegar y atracar en Basankusu.

Aquí, al amanecer del 17 de junio de 2023, recibimos en el hotel de Basankusu —por wasap— la brutal noticia en detalle que nos daba uno de nuestros marineros del viaje Kisangani-Lisala. A medio camino de regreso a su pueblo, una marabunta de personas acorraló la canoa de los 4 y mataron a Chrispin. Les robaron todo (dinero, canoas, motores) y los tres que se salvaron (Franck, Mateuh y Rashdi) escaparon y estuvieron varios días huidos por la selva. Luego, lograron remontar el río Congo y desde Kisangani organizaron una expedición con la que rescataron el cuerpo de Chrispin para darle sepultura.

Ese mismo día, a la pocas horas de recibir la bestial noticia, escuchamos pasar por delante del hotel una gran manifestación en contra de los bonobos y, al momento, disparos de fusil de asalto ruso, AK-47 para dispersarlos. Iban a quemar la sede que promueve  la vida salvaje del bonobo, un primate que tiene más del 98% de ADN humano. En esa jornada, en el jardín del hotel, hasta en tres ocasiones escuchamos zumbar las balas cerca de la oreja, por encima de nuestras cabezas. Por dos veces nos escondimos tras los muros de la habitación. Fue un día muy tenso y tuvimos que huir de noche de Basankusu. (CONTINUARÁ …)»

¿Qué ocurrió en el conflicto de los bonobos de Ekolo ya Bonobo Community Reserve con las comunidades locales?

Comunicado oficial: Violence at Ekolo ya Bonobo Community Reserve

El comunicado explica que un grupo de jóvenes recorrió el río que bordea la reserva atacando las instalaciones de Ekolo ya Bonobo y viviendas de aldeas próximas. El personal pudo retirar parte del material y ponerse a salvo, pero las estructuras de su campamento base de Elonda fueron incendiadas, al igual que varias viviendas.

La parte más grave fue la muerte de cuatro bonobos: Tembo, Kole, Masisi y su hija Boyokani ya Lola. Según la organización, se difundieron fotografías de los animales muertos y esperaban que los responsables fueran procesados. También fueron atacadas las instalaciones de la isla de Totaka, utilizadas para cuarentena y preparación de las reintroducciones.

El conflicto terminó extendiéndose hasta Basankusu, donde un grupo de hombres armados protestó en las calles alrededor de la oficina de la organización. Intervinieron la policía y las fuerzas militares congoleñas y, según el comunicado, posteriormente la situación se estabilizó.

Y es allí donde aparecimos nosotros, en ese preciso día y momento.

La ONG Lola Ya Bonobo nos dejó sus mejores motores y lanchas y conseguimos abandonar Basankuso en mitad de la noche y tras tres días de navegación llegar a Mbandka

Ya no vamos a ver bonobos a Lomako Yokokala, salida por el río Lulonga hasta el río Congo

Nuestra ruta de regreso siguió la propia lógica geográfica del Congo.

Los ríos eran nuestra salida.

Nuestra idea original era remontar el rio Maringa desde Basankuso hasta la Reserve Naturelle Lomako Yokokala, pero los acontecimientos nos hicieron descender por el Lulonga. Avanzamos por el Lulonga, uno de los grandes afluentes del Congo, y comenzamos a navegar hacia el oeste. Fueron jornadas muy diferentes de las anteriores.

La aventura había dejado paso a la incertidumbre. Cada hora de navegación significaba alejarnos de una zona donde la situación podía empeorar y acercarnos nuevamente al gran río.

Finalmente, las aguas del Lulonga desembocaron otra vez en el Congo.

Regresar al gran río produjo una sensación difícil de describir.

Semanas antes, el Congo había representado lo desconocido. Ahora representaba la salida.

Las tinieblas o las brumas como las bautizamos en ese viaje, habían quedado atrás.

Desde Basankuso a Mbandaka: volviendo a la normalidad

En nuestro descenso por el río Lulonga, a unas dos horas de navegación de Basankuso, la situación y el ambiente de las orillas volvió a la normalidad. De nuevo desde los pueblos nos saludaban y nos gritaban «welcome». Fue un gran alivio.

Como nos sobraban días ya que habíamos abandonado la idea de llegar hasta la reserva de Lomako, vimos la posibilidad de visitar alguna comunidad Balumbe.

Los Balumbe, tristes realidades de este pueblo «pigmeo»

Después de algunas negociaciones en una pequeña población destartalada a orillas del rio Lulonga, el jefe de la comunidad accedió a llevarnos hasta la población Balumbe, a algo más de una hora de viaje hacia el interior. Dejamos nuestra barcaza, tomamos nuestras mochilas y tiendas y nos montamos en piraguas más pequeñas para poder acceder al interior de una zona boscosa totalmente cubierta de agua.

El trayecto por canales selváticos fue realmente magnifico.

Pero como absolutamente todo en la República Democrática del Congo, todo pasa de un extremo a otro en cuestión de segundos. La imagen que encontramos distaba bastante de cualquier visión romántica de la vida en la selva.

Esta comunidad de Balumbe ha perdido casi por completo su cultura y su forma de vida tradicional consecuencia de haber vendido los bosques de sus alrededores a madereros y de haber dado concesiones a mineros. En esta región encontraron oro y otros minerales hace algunos años.

Dinero que se transformó como ocurre en muchas ocasiones en alcohol y perdida de forma de vida.

Algunos de los hombres estaban visiblemente alcoholizados en el pueblo y el ambiente se volvió por momentos difícil de controlar. Durante la noche y al día siguiente desaparecieron además varias cosas de nuestras pertenencias.

Mampoko y la misión de San Pedro Claver

Siguiendo nuestra navegación por el Lulonga, llegamos a Mampoko, una antigua estación misionera situada a orillas del río. Allí se encuentra la misión de San Pedro Claver (Saint-Pierre-Claver), fundada en 1917 por los misioneros de Mill Hill, una congregación que había comenzado su labor en esta región del Congo a principios del siglo XX.

La misión llegó a convertirse en uno de los puntos de referencia de la zona. Además de la iglesia y el convento, contó con escuela e internado, dispensario, hospital y maternidad, formando un pequeño complejo en medio de la selva. Muchos de sus edificios se caracterizaban por sus tejados de teja roja, fabricada localmente con la arcilla de las orillas del río.

Navegar el rio Congo, el Kasai o el Lulonga es hacerlo por los mismos ríos que durante más de un siglo había servido de vía de comunicación a misioneros, comerciantes y habitantes de estas tierras. Estos viajes fluviales permiten encontrarnos con otra de las muchas huellas que la historia ha ido dejando a lo largo del Congo.

Decidimos pasar la noche en ese bello e histórico lugar perdido en mitad de la cuenca del Congo

Mbandaka: final de la expedición fluvial, no del viaje

Nuestro destino era Mbandaka, capital de la provincia de Équateur y una de las grandes ciudades del curso medio del Congo.

Su puerto constituye un extraordinario resumen de todo lo que habíamos visto durante las semanas anteriores. Aquí confluyen personas y mercancías procedentes de una enorme red de ríos que se extiende cientos de kilómetros hacia el interior de la selva.

El mercado del puerto es un espectáculo continuo. Pescado, mandioca, frutas, carbón vegetal y productos llegados de comunidades remotas cambian de manos mientras grandes embarcaciones se cargan y descargan junto a la orilla.

Después de semanas recorriendo pequeños afluentes entendíamos mejor lo que estábamos viendo.

Mbandaka era uno de los puntos donde aquella gigantesca red fluvial terminaba conectándose. Y allí en esa misma Mbandaka, parte del grupo junto con mi guía local decidió abandonar el viaje unos días antes. El resto, la mayoría continuamos visitas en los alrededores

Nzambe ya Bakoko: la Iglesia Negra

En Mbandaka visitamos también uno de los lugares más singulares de todo el viaje: la iglesia de Nzambe ya Bakoko, conocida popularmente como la Iglesia Negra.

Después de semanas encontrando misiones católicas y numerosos vestigios de la presencia colonial europea, resultaba especialmente interesante aproximarnos a una expresión religiosa que reivindica una espiritualidad africana y la relación con los antepasados.

Nzambe ya Bakoko Congo

El Congo contemporáneo es también el resultado de esa permanente negociación entre las tradiciones africanas, el cristianismo, la herencia colonial y las nuevas identidades surgidas después de la independencia.

Las Mamás Walés, cultura Ekonda

Antes de despedirnos de Mbandaka y tomar el avión de regreso a Kinshasa, viajamos hacia el sur de Mbandaka, esta vez en 4×4. Queríamos visitar comunidades Ekonda que todavía realizan un ritual muy singular: la llamadas Mamás Walés.

La “baja de maternidad” de los Ekonda es una tradición muy curiosa que se desarrolla en torno a las madres primerizas llamadas Walé

Quiénes son las Walé y qué es su «baja de maternidad»

Walé es el título que adquieren las mujeres que se quedan embarazadas por primera vez. Generalmente, chicas jóvenes. Adolescentes entre 15 y 18 años.

El rito de las Walé es un rito de paso o iniciación. Las mujeres que afrontan su primer embarazo y lactancia materna van a comenzar una nueva etapa vital, y por tanto deben ser iniciadas en la misma.

Los padres de ellas son los que deciden, una vez son informados del embarazo, que la hija pase por el rito. Es decir, no todas las jóvenes Ekonda y madres primerizas pasan por el rito Walé. Al menos no en la actualidad. Pero aún hay familias, y no son pocas, que deciden ir adelante con ello.

Nuestro corazón de las tinieblas

Resulta casi inevitable pensar en Joseph Conrad cuando se navega durante semanas por el Congo y sus afluentes y sobre todo después de lo que habiamos vivido aquellas semanas.

En 1890, Conrad llegó al territorio para trabajar como marino en un vapor fluvial. Su experiencia sería breve, pero marcaría profundamente su vida y terminaría inspirando El corazón de las tinieblas.

Detrás de la ficción estaba una realidad histórica brutal. El territorio era entonces el Estado Libre del Congo, controlado personalmente por el rey Leopoldo II de Bélgica. La explotación del caucho y del marfil se acompañó de trabajos forzados, violencia y asesinatos en masa. El río desempeñó un papel fundamental. Era la gran vía de penetración hacia el interior y, al mismo tiempo, el camino por el que las riquezas extraídas del territorio salían hacia el exterior.

Consecuencia en parte de aquel pasado brutal, este presente volátil y desgraciadamente un futuro incierto.

Durante nuestro viaje descubrimos dos mundos, un mundo terrible y otro radiantemente hermoso. El viaje nos había llevado a explorarnos a nosotros mismos.

El Congo no era un escenario vacío para turistas sobre el que ejecutar un programa de viaje.

Es un territorio profundamente habitado lleno de personas, factores, intereses y energías muy radicales que hacen que cualquier movimiento o situación sea totalmente imprevisible.

Recuerdo todos aquellos episodios perfectamente. Nuestro Congo fue el de los pescadores Wagenia, las familias que viven sobre el agua, los mercados, los motoristas que nos transportaron durante dos días, los barqueros capaces de leer las corrientes y los habitantes de pequeñas aldeas que probablemente nunca saldrán de esa parte del río.

Viaje por el rio Congo

Esta crónica está basada en nuestra expedición realizada en 2023 y en la experiencia directa del equipo de Kumakonda sobre el terreno. Todas las fotografías del recorrido, salvo donde se indique lo contrario, fueron tomadas durante el viaje.

Preguntas frecuentes sobre viajar por el río Congo

Viajar por la República Democrática del Congo en general y por el río Congo en particular, es todavía hoy en día una de las grandes y de las ultimas aventuras reales que se pueden vivir en África. Una experiencia muy diferente a cualquier ruta convencional por el continente.

Organizar una expedición por el río Congo requiere tiempo, asumir ciertos riesgos, flexibilidad y una importante logística sobre el terreno. Tampoco es barato. Después de haber realizado numerosas expediciones por la República Democrática del Congo, respondemos aquí a algunas de las preguntas más habituales sobre cómo es navegar por el río Congo, su seguridad, los medios de transporte y la vida durante el viaje.

Preguntas frecuentes y respuestas

¿Se puede viajar por el río Congo independientemente?
Sí, es posible viajar por el río Congo de manera independiente aunque no existe una infraestructura regular para recorrerlo. Gran parte del viaje depende de embarcaciones locales, piraguas, balleneras y transporte ocasional que habrá que organizarlo sobre el terreno. Una expedición de este tipo requiere experiencia, tiempo, paciencia y mucha flexibilidad si quieres hacerlo por tu cuenta.

¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer el río Congo en transporte público?
Depende enormemente del itinerario, las embarcaciones y las condiciones de navegación. También depende si haces el viaje desde Kinshasa rio Congo arriba o desde Kisangani a Kinshasa. Los grandes barcos locales pueden tardar varias semanas, más de un mes en recorrer el tramo de Kinshasa a Kisangani.

¿Cómo se viaja por el río Congo?
No hay una única forma. Si viajas a lo local, prepárate para llevar todo lo necesario contigo durante la expedición: tienda de campaña, cacerola, comida, etc. En nuestras expediciones utilizamos piraguas motorizadas y también, a veces cuando surge la ocasión, navegamos en embarcaciones locales.

¿Dónde se duerme durante una expedición por el río Congo?
Fuera de las principales ciudades, las opciones de alojamiento son muy limitadas, reduciéndose las opciones a misiones cristianas o acampando en pueblos directamente. Esta falta de infraestructura forma parte de la dificultad de viajar por algunas de las regiones más aisladas de la República Democrática del Congo.

¿Es seguro viajar por el río Congo?
Como ya habréis leído anteriormente, la situación de seguridad en la República Democrática del Congo puede cambiar rápidamente y varía mucho según la región. Antes de organizar cualquier recorrido es fundamental comprobar la situación actual, contar con buenos contactos locales y adaptar el itinerario cuando sea necesario.

¿Qué se puede ver durante un viaje por el río Congo?
Más allá de los paisajes de selva ecuatorial, viajar por el Congo permite conocer ciudades históricas, aldeas ribereñas, mercados, antiguas instalaciones coloniales y formas de vida estrechamente relacionadas con el río. Durante nuestra expedición visitamos lugares como Kisangani, los pescadores Wagenia, Yangambi, Lisala, Basankusu y Mbandaka.

Austerio Alonso

Cofundador de Kumakonda. Apasionado de África. Especialista en el diseño, preparación y realización de expediciones en África. Creador de contenidos.

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