Viajes a Benin, el país del vudú.
Pequeño, alargado y encajado entre Togo, Burkina Faso, Níger y Nigeria, Benín es uno de los países con mayor riqueza cultural de África Occidental. Un territorio donde las religiones tradicionales siguen formando parte de la vida cotidiana, sobreviven antiguos reinos y sociedades de máscaras y donde la arquitectura, los mercados y las ceremonias nos hablan de una historia mucho más compleja de lo que puede parecer a primera vista.
Benín es conocido sobre todo como una de las grandes cunas del vudú o Vodun. Pero reducir el país únicamente a esta religión sería quedarse muy corto. Aquí encontramos la memoria del antiguo Reino de Dahomey, pueblos como los Batammariba o Somba, ciudades lacustres como Ganvié, antiguas rutas relacionadas con la trata de esclavos, arquitectura afrobrasileña, playas atlánticas y los paisajes de sabana y montaña de la región de Atakora.
De sur a norte, el paisaje también cambia radicalmente. De las lagunas, palmerales y tierras húmedas del Golfo de Guinea se pasa progresivamente a las sabanas y finalmente a las montañas del noroeste. Es precisamente esa combinación de cultura, historia y paisajes la que hace de Benín uno de los países más interesantes del Golfo de Guinea.



El vudú en Benín, una religión viva
Para comprender Benín hay que acercarse al vudú o Vodun dejando a un lado la imagen creada por el cine occidental. Aquí el vudú no tiene que ver con muñecos atravesados por alfileres ni con esa visión oscura y caricaturesca que tantas veces se ha difundido.
El vudú es una religión tradicional basada en un complejo universo de divinidades, espíritus, antepasados, sacerdotes, lugares sagrados y rituales. Sus creencias están profundamente relacionadas con la comunidad y con la forma de interpretar la enfermedad, la muerte, la naturaleza o determinados acontecimientos de la vida.
En muchas localidades encontramos pequeños templos, altares y fetiches junto a iglesias y mezquitas. Esta convivencia religiosa es una de las características más interesantes del país.
También forman parte de este universo cultural algunas de las ceremonias de máscaras más espectaculares de África Occidental. Los Egungun representan el mundo de los antepasados dentro de la tradición yoruba; los Zangbeto, con sus enormes estructuras cubiertas de fibras, son conocidos como guardianes de la noche; y las ceremonias Gelede combinan máscaras, danza y música en una tradición compartida por comunidades yoruba y nagô de Benín y Nigeria.
Más que contemplar estas manifestaciones como un espectáculo, lo interesante es intentar entender el significado que tienen para quienes participan en ellas.


Qué ver en Benín
Ouidah, vudú y memoria de la esclavitud
Ouidah es uno de los lugares imprescindibles para comprender la historia y la espiritualidad de Benín. Es uno de los principales centros del Vodun y conserva lugares sagrados como el Templo de las Pitones y el Bosque Sagrado de Kpassè.
Pero Ouidah tiene también una historia mucho más dura. Durante siglos fue uno de los grandes puertos de salida de esclavos de África Occidental. La llamada Ruta de los Esclavos conduce hasta la costa atlántica y la Puerta del No Retorno, convertida hoy en lugar de memoria.
En pocos lugares de Benín se cruzan de una forma tan evidente religión, historia africana, colonialismo y trata atlántica.
Abomey y el antiguo Reino de Dahomey
Antes de la colonización francesa, buena parte del actual Benín estuvo dominada por el poderoso Reino de Dahomey, uno de los grandes estados de África Occidental entre los siglos XVII y XIX.
Su centro político estaba en Abomey, donde los sucesivos reyes construyeron sus palacios. El conjunto de los Palacios Reales de Abomey está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y constituye uno de los principales lugares históricos del país.
Dahomey desarrolló una estructura política y militar muy organizada y protagonizó numerosas guerras con los pueblos vecinos. Su historia estuvo también estrechamente vinculada al comercio atlántico de esclavos.
Abomey permite acercarse a este pasado a través de sus palacios, bajorrelieves, objetos ceremoniales y lugares vinculados a la antigua monarquía.
Ganvié, una ciudad sobre el lago Nokoué
Muy cerca de Cotonou encontramos uno de los paisajes humanos más conocidos de Benín: Ganvié.
La población se extiende sobre las aguas del lago Nokoué y buena parte de la vida cotidiana se desarrolla en torno a piraguas, canales y construcciones levantadas sobre pilotes. La pesca y el comercio están estrechamente ligados al lago y las embarcaciones sustituyen aquí a calles y vehículos.
Más allá de la conocida comparación de Ganvié con una “Venecia africana”, lo interesante es observar cómo una comunidad ha construido durante generaciones una forma de vida completamente adaptada al medio acuático.

Porto Novo y la herencia afrobrasileña
Porto Novo es la capital oficial de Benín, aunque Cotonou concentra buena parte de la actividad económica y administrativa del país.
La ciudad conserva una personalidad propia y un importante patrimonio relacionado con las comunidades afrobrasileñas, descendientes en muchos casos de antiguos esclavos retornados desde Brasil al Golfo de Guinea durante el siglo XIX.
Esa influencia dejó su huella en la arquitectura, la religión, la gastronomía y las costumbres de diferentes ciudades de la costa de Benín. Porto Novo es además uno de los mejores lugares para acercarse a la cultura yoruba y gun del país.
Grand Popo y la costa atlántica
Al oeste de Ouidah, casi en la frontera con Togo, Grand Popo ofrece una cara completamente diferente de Benín.
Aquí dominan las playas atlánticas, los cocoteros, las lagunas y las pequeñas comunidades de pescadores. Cerca se encuentra la desembocadura del río Mono, en una zona de humedales y manglares donde el río termina encontrándose con el océano.
Es uno de esos lugares donde el paisaje invita a bajar el ritmo y observar la vida de la costa del Golfo de Guinea.
El norte de Benín: Atakora y el País Somba
El paisaje cambia radicalmente cuando avanzamos hacia el norte. La humedad del Golfo de Guinea va quedando atrás y aparecen las sabanas y las montañas de Atakora.
Es una región que conocemos especialmente bien y una de las que más nos interesan de Benín, tanto por sus paisajes como por sus culturas.
Los Batammariba o Somba y sus casas fortificadas
En los valles de Atakora viven los Batammariba, conocidos habitualmente en Benín como Somba. Sus comunidades se extienden también al vecino Togo, donde encontramos el País Tamberma.
Uno de sus elementos más característicos son las tatas o takientas, extraordinarias casas fortificadas construidas con tierra, madera y materiales vegetales. Parecen pequeños castillos levantados en medio de campos y montañas, pero su arquitectura responde tanto a necesidades prácticas como a la organización social y al universo religioso de sus habitantes.
Tradicionalmente, la planta baja estaba destinada a determinados animales y espacios domésticos, mientras que las terrazas superiores servían para dormir, almacenar y secar el grano. Altares y elementos simbólicos completan unas construcciones que no pueden entenderse únicamente como arquitectura: casa, familia, territorio y creencias forman aquí parte de una misma realidad.
El paisaje cultural de Koutammakou, compartido actualmente por Togo y Benín, está reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El País Taneka
También en el norte se encuentran las comunidades Taneka, asentadas en las montañas y rodeadas de un paisaje muy diferente al del sur del país.
Es una región especialmente interesante por la pervivencia de estructuras sociales y religiosas tradicionales. Sacerdotes, fetiches, lugares sagrados y autoridades tradicionales siguen teniendo un papel importante dentro de las comunidades.
Como ocurre en tantos lugares de África Occidental, para comprender lo que estamos viendo no basta con llegar, hacer una fotografía y marcharse. Hay que dedicar tiempo a escuchar y entender unas creencias y unas estructuras sociales que desde fuera pueden resultar difíciles de interpretar.

Los paisajes de Benín: del Golfo de Guinea a la sabana
Aunque el principal atractivo de Benín es probablemente cultural, el país reúne paisajes muy distintos en una superficie relativamente pequeña.
En el sur encontramos la costa atlántica, playas bordeadas de cocoteros, lagunas, humedales y grandes masas de agua como el lago Nokoué. Hacia el interior aparecen zonas agrícolas y paisajes cada vez más abiertos.
Más al norte, el territorio se transforma en sabana arbolada hasta llegar a la cadena de Atakora, con relieves, valles, baobabs y pequeñas poblaciones de arquitectura tradicional.
En esta región se encuentran también las cascadas de Tanougou y el Parque Nacional de Pendjari, integrado en el gran complejo transfronterizo W-Arly-Pendjari. Es uno de los espacios naturales más importantes de África Occidental y conserva poblaciones de grandes mamíferos en un paisaje de sabana.
Benín puede parecer pequeño sobre el mapa, pero recorrerlo de sur a norte supone atravesar varios mundos diferentes.
Benín, historia y culturas de África Occidental
Una de las cosas que más nos atrae de Benín es que muchas de sus tradiciones no pertenecen únicamente al pasado.
El vudú, las sociedades de máscaras, los cultos a los antepasados, las autoridades tradicionales o la arquitectura de los Batammariba conviven con grandes ciudades, teléfonos móviles, iglesias evangélicas, mezquitas y todas las contradicciones de la sociedad africana contemporánea.
Eso es precisamente lo interesante.
Viajar por Benín permite acercarse a la historia de los grandes reinos de África Occidental, pero también a culturas que siguen evolucionando y buscando su lugar en el presente. Desde los palacios de Abomey hasta las tatas del País Somba, desde las piraguas de Ganvié hasta los templos de Ouidah, el país reúne en pocos kilómetros una extraordinaria diversidad cultural.
Para nosotros, ésa es la mejor razón para descubrir Benín.
Algunos ejemplos de bonitos retratos son estas estupendas imágenes (y otras de esta entrada de blog) cortesía de Miguel Del Valle, uno de nuestros viajeros.






Y aquí tienes un vídeo de nuestra colaboradora Alicia Ortego, que también ha viajado a Benin con nosotros y es autora del blog Los viajes de Ali:
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