El Lago Chad es un lugar mítico de África Central. Uno de los grandes símbolos del continente, como el Kilimanjaro o el desierto del Sahara. Repartido entre Chad, Nigeria, Níger y Camerún desde 1880, durante mucho tiempo fue un gran mar interior que regaba la vida del Sahel. Desde nuestras primeras expediciones a la región hemos regresado en varias ocasiones para navegar por sus aguas, visitar mercados y comunidades, y acercarnos a pueblos como los Buduma o Yedina y los Kanembou. En este artículo recorremos algunos de los paisajes y experiencias que permiten entender por qué el Lago Chad es mucho más que un lago.
Lago Chad: historia y evolución de un paisaje cambiante
¿Qué es el Lago Chad? ¿De dónde viene y hacia dónde va? Son las típicas preguntas que uno se hace cuando empieza a leer o, aún mejor, a pensar en viajar allí.
Durante nuestra expedición de febrero de 2022 nos contaron una tradición oral según la cual los exploradores europeos Dixon Denham y Hugh Clapperton preguntaron a los habitantes de la región cómo llamaban a aquella gran extensión de agua cuando llegaron a sus proximidades en 1823. La respuesta habría sido “Chad”.
Como ocurre con muchas historias transmitidas oralmente en esta región, conviene tomarla como parte de la memoria local más que como una explicación histórica definitiva del origen del topónimo.
El Lago Chad pertenece a una cuenca endorreica: sus aguas no tienen salida superficial hacia el mar. Se alimenta principalmente del sistema formado por los ríos Chari y Logone, mientras que las pérdidas de agua se producen sobre todo por evaporación y también por infiltración.

Teorías sobre los cambios del Lago Chad
Durante las grandes sequías de las décadas de 1970 y 1980, el Lago Chad sufrió una transformación espectacular. La superficie de aguas abiertas, que había alcanzado unos 25.000 km² en los años 60, llegó a caer por debajo de los 2.000 km² durante los años 80.
Durante mucho tiempo esta reducción alimentó la imagen de un lago condenado a desaparecer. Sin embargo, la situación es bastante más compleja. Desde los años 90 se han registrado periodos de recuperación de las aguas superficiales, relacionados entre otros factores con una mayor pluviometría en el Sahel occidental.
Además, el Lago Chad es extraordinariamente poco profundo —alrededor de tres metros de media—, por lo que pequeñas variaciones en el nivel del agua pueden traducirse en enormes cambios de superficie. Islas, canales, zonas inundadas, carrizales y pastizales aparecen y desaparecen siguiendo los ciclos estacionales.
Eso no significa que el ecosistema esté libre de amenazas. Las sequías, la irregularidad de las lluvias, el crecimiento demográfico, el uso agrícola del agua y el cambio climático someten a toda la cuenca a una enorme presión. Pero hoy resulta más exacto hablar de un ecosistema extremadamente variable y vulnerable que de un lago que simplemente se está secando hasta desaparecer.
Se estima que alrededor de 30 millones de personas viven en la región del Lago Chad, donde la agricultura, la ganadería, la pesca y el comercio asociado a estas actividades siguen siendo fundamentales para la economía local.
No obstante, está claro que viajar al Lago Chad es adentrarse en un lugar muy especial hoy en día. Nos encontramos en una región compuesta de miles de islas y canales que forman un laberinto insondable, refugio de terroristas pero también de tribus nómadas y seminómadas desde hace siglos. Hay zonas seguras, precisamente en Chad, por lo que es posible ir. Y merece mucho la pena.
Vamos a profundizar un poco en qué se puede ver en el Lago Chad.
Para leer más sobre el Lago Chad (en francés), te recomendamos el Atlas du Lac Tchad.

Qué ver en el Lago Chad: lugares y experiencias únicas
Visitar el Lago Chad significa descubrir un territorio en constante transformación, donde los paisajes y las formas de vida están profundamente ligados al agua. Desde los mercados rurales y los campamentos de los pueblos nómadas hasta la navegación entre islas y carrizales, estas son algunas de las experiencias que hemos vivido durante nuestras expediciones a la región.
Isseirom y los mercados del Lago Chad
Isseirom es una localidad de casas de adobe que está situada a unas decenas de kilómetros de las primeras aguas del Lago Chad. Al menos en temporada seca. Probablemente hace unos años estaba a orillas del lago, pero ya hemos visto que las cosas han cambiado mucho en este ecosistema.
Allí nos encontramos con Mustafá, quien resultó ser un excelente conversador sobre la historia de la región. Una de esas “bibliotecas” africanas si atendemos al dicho del maliense Amadou Hampate Ba: “En África, cuando un anciano muere, una biblioteca se quema”.
Coincidió, además, que era viernes. El día del mercado semanal. Mustafá nos invitó a ir con él ya que tenía que hacer unos recados (básicamente comprar comida para agasajarnos), y por supuesto no dudamos en aceptar el ofrecimiento.
Era un día de harmatán, lo cual no ayudaba a pensar que estuviéramos “cerca” del Lago Chad. La atmósfera estaba cargada de polvo o arena en suspensión y aportaba un aire de película antigua en tonos sepia. Como si estuviéramos inmersos en un sueño extraño, avanzamos por las calles tranquilas hasta la gran plaza donde se disponía el mercado.
Mustafá, vestido con un elegante traje tradicional de color blanco con turbante a juego, iba unos pasos por delante de nosotros. Su imagen era imponente. La gente le saludaba de manera muy respetuosa y no dudamos en entender que estábamos andando en compañía de toda una autoridad.

El mercado de Isseirom se celebra desde 1940, según nos dijo el propio Mustafá, y pocas cosas parecen haber cambiado desde entonces.
Pocas cosas han cambiado, excepto los pequeños detalles que indican que estamos en el siglo XXI: un puesto con generador donde cargar teléfonos móviles, la venta de pequeñas placas solares para disponer de un poco de electricidad en las casas.
Como en tantos y tantos mercados del Sahel, los puestos se disponen bajo toldos sostenidos con palos gruesos. Las mercancías se amontonan en esteras sobre el suelo, pero siempre bien presentadas. El conjunto es un laberinto de calles por donde andan las personas, los camellos y los carros en un alegre caos.

El mercado está bien organizado. Cebollas, patatas, pescado seco, mijo, dátiles y otros alimentos son lo que más espacio ocupan. Un poco más allá están los puestos de carne y parrillas, para prepararla allí mismo si así lo quieren los clientes. Los cachivaches de plástico, así como los enseres de cocina, se apilan en otra zona.
Las mujeres kanembou son las encargadas de la venta excepto en la zona de la carne. Atraen a los clientes a voces proclamando lo que venden, un gesto tan antiguo como actual. De repente vemos que en un puesto hay placas de espirulina, el alga verde que en Occidente se considera un “superalimento”. Esta es una señal muy clara de que estamos cerca del Lago Chad, ya que se recoge en sus aguas.

Tras recorrer el mercado arriba y abajo buscando ingredientes para la cena, interactuando con la gente y alucinando con el ambiente, volvemos por donde hemos venido y nos refugiamos en casa de Mustafá, nuestro lugar de pernocta improvisado para evitar el harmatán.

Sentados en la habitación de invitados amueblada con cojines y esteras, llega el momento de la conversación.
Mustafá nos cuenta con su excelente francés que pertenece a la quinta generación de los sultanes de la zona. Por eso, pensamos, es un hombre tan culto.
Nos habla de la historia de su familia, de la función de los sultanatos, del origen del nombre del Lago Chad y de que siempre fue un lugar indomable porque nunca hubo un sultanato que gobernase sus aguas.
A diferencia del resto de Chad, en “el gran lago” nunca hubo un sultanato porque todos temían al agua.
Todos excepto los buduma, pueblo nómada que desde al menos el siglo XVI ocupa sus aguas.

La paisaje del Lago Chad: del desierto al agua
Al día siguiente avanzamos en nuestro todoterreno por un desierto que no anticipa ningún lago. Dunas, pistas de arena, polvo y harmatán en la atmósfera, acacias coronadas de pinchos, algunas cabras, algún nómada cabalgando en su dromedario. Hasta que comienzan a aparecer grupos de palmeras, cañas y vegetación más propia de la ribera de un río o lago.
Algunas palmeras están a punto de ser tragadas por las dunas, pero otras crecen fuertes alrededor de lechos de lagos ahora secos. Secos desde hace poco tiempo, ya que se ve que la tierra sigue húmeda por sus tonos oscuros. Quizá unas semanas antes todo fuera diferente.
La plasticidad del paisaje según haya o no agua siempre me ha fascinado. De un color amarillo, pardo o blanco, se puede pasar al verde y los colores de las flores en tan sólo unos días. Es el milagro de la vida.

De repente un gran rebaño de vacas irrumpe en la pista. Es conducido por un par de muchachos con turbante que nos miran de reojo. Las vacas son enormes y lucen unos cuernos en forma de arco que pueden alcanzar un metro de longitud ¿Serán las vacas kuri del Lago Chad?

Las vacas kuri o kauri, también llamadas buduma, dongolé o kuburi, son una raza bovina originaria y característica de la cuenca del Lago Chad, extraordinariamente adaptada a su medio semiacuático. Son capaces de nadar grandes distancias para ir de isla en isla en busca de alimento. Y son el bien más preciado de sus dueños, los bouduma o buduma, que las pastorean desde sus piraguas.
Si quieres conocer mejor a los pastores que han hecho de estas islas su territorio, puedes leer nuestro artículo sobre los Buduma o Yedina del Lago Chad, su vida entre el agua y su extraordinaria relación con el ganado Kuri.
A medida que nos acercamos al Lago Chad la vida se va anunciando con más decisión. Avistamos algunas gacelas que se asustan a nuestro paso y pequeños pájaros de colores rojos y naranjas brillantes. El harmatán unifica la atmósfera pero no le resta emoción. La emoción que empieza a invadirnos sabedores de que dentro de poco veremos el Lago Chad.

Navegando por el lago: un Paraíso en el Sahel
La extensión de agua azul, poblada de islas cargadas de vegetación y aves surcando los cielos, es increíble. Viniendo del desierto, no hay mejor expresión para pensar en el Paraíso.

Una de las mejores experiencias de esta pequeña expedición al Lago Chad fue navegar con los buduma hacia una isla y conocer de primera mano a las vacas kauri. Por el camino nos cuentan que la profundidad del lago no es mucha.
El Lago Chad es extraordinariamente poco profundo, con unos tres metros de profundidad media, aunque existen variaciones importantes según la zona y la estación, pudiendo llegar a los siete metros en sus partes más hondas y en época de lluvias.
Cuando sopla el viento, se levantan olas. Es como un mar, no cabe duda.

Sobre nuestras cabezas y en las orillas observamos numerosas aves acuáticas. Los humedales del Lago Chad constituyen uno de los grandes refugios de aves del Sahel y algunas zonas llegan a concentrar cifras internacionalmente importantes de aves acuáticas. Garzas, cormoranes, ibis, rapaces y numerosas especies migratorias encuentran aquí alimento y refugio.
Los elefantes de la región del Lago Chad
Hubo un tiempo en que la vida salvaje en este gran lago era mucho mayor que en la actualidad. Igual que podemos ver hoy en día muchas especies en el Delta del Okavango, así debía de ser hace no tanto tiempo en el Lago Chad.
Ya lo contaba Heinrich Oberjohann en su libro “Cazando elefantes en el Lago Chad”, donde relata su experiencia persiguiendo a este gran mamífero que él consideraba “elefantes acuáticos”. Por fortuna, aún es posible ver elefantes en el Lago Chad.
La supervivencia de estos elefantes en un territorio tan humanizado resulta extraordinaria y genera también conflictos con las comunidades locales, especialmente cuando los animales se acercan a zonas agrícolas o pobladas. Según las noticias que nos han contado en diferentes visitas, elefantes solitarios han atacado a aldeas y personas. Las autoridades han tenido que autorizar el abatimiento de esos ejemplares para garantizar la seguridad de la población. También se suelen registrar destrozos de las cosechas y, cuando eso ocurre, los agricultores se enfrentan a un año muy complicado.
Alonso y el grupo de viajeros que fueron con él en la expedición de diciembre de 2021 se encontraron con una manada de entre 30 y 40 ejemplares en las inmediaciones del lago. Andando libremente entre los bosques de acacias y los canales de agua. Un encuentro impresionante del que hay imágenes testigo. No te pierdas este vídeo:
Se calcula que en la cuenca del Lago Chad hay 44 especies de mamíferos grandes y medianos, incluida una última población de elefantes. Esta manada es el segundo grupo de elefantes más al norte de África, después de los elefantes de Hombori en Mali. Podríamos considerarlos un anacronismo por la región tan compleja en la que habitan, y sobra decir que se hallan en peligro de extinción.
Los pueblos nómadas del Lago Chad
El paisaje del Lago Chad no se entiende sin las sociedades que se han adaptado durante siglos a los movimientos del agua y a los ritmos de las estaciones. Buduma o Yedina, Kanembou, Kanuri y distintos grupos de pastores fulani forman parte de un extraordinario mosaico cultural en el que la pesca, el comercio y la ganadería siguen marcando buena parte de la vida cotidiana.
Si quieres profundizar en su historia y sus formas de vida, puedes leer nuestra introducción a los pueblos y nómadas del Lago Chad.
La espirulina del Lago Chad y las mujeres Kanembou
En otra sección del Lago Chad vamos al encuentro de las mujeres que cultivan la espirulina. Este alga que hoy es un codiciado “superalimento” en los mercados de medio mundo, se ha convertido en una oportunidad para ellas. La FAO ha aportado fondos para que se constituyan en cooperativa y trabajen con un sistema de recogida y envase mejorados.
Durante nuestra visita en 2022, la cooperativa agrupaba a 145 mujeres dedicadas a recolectar la espirulina. Sumergidas hasta media pierna, con los vestidos de colores arremangados, extraen las algas que después secarán al sol y más tarde triturarán para su comercialización.
Son mujeres kanembou que se muestran abiertas, curiosas y cercanas. Sonríen, bromean y tratan de comunicarse con nosotros por gestos. Creo que están orgullosas del trabajo que realizan y de su empoderamiento gracias a la cooperativa.


Por ellas nos enteramos de que la recogida de espirulina siempre estuvo a cargo de las mujeres, y que ellas pertenecen a la casta de los “herreros”, una de las más pobres de su sociedad.
La jornada recolectora empieza después de resolver las tareas de la casa y el cuidado de los hijos. Además no viven junto al lago, por lo que tienen que recorrer cierta distancia a pie o a lomos de sus burros y cargadas con sus cacharros. Pero no pierden el humor. O al menos no ese día, quizá porque nosotros somos una buena distracción.

La espirulina dihé, que es la variedad que se encuentra en el Lago Chad, es uno de los condimentos que la población local incluye en sus comidas en forma de salsa. Tiene un fuerte sabor vegetal y aporta betacarotenos, hierro y proteínas en abundancia.

Viajar al Lago Chad con Kumakonda
El Lago Chad sigue siendo uno de esos lugares donde paisaje y cultura resultan inseparables. Navegar entre sus islas, acercarse a los campamentos de los Buduma, recorrer mercados y seguir los movimientos de los pueblos nómadas permite descubrir una cara de Chad completamente diferente a la de los grandes desiertos del norte.
En Kumakonda seguimos regresando a esta región para conocerla mejor y documentar sus culturas. Si quieres viajar con nosotros al Lago Chad, puedes escribirnos a info@kumakonda.com y te informaremos de las expediciones que estamos preparando. Mientras tanto, echa un vistazo a las maravillas de Chad en nuestra página web.
También te proponemos que veas este vídeo de Alicia, la autora de este artículo e integrante de la expedición al Lago Chad de Febrero de 2022 con Kumakonda. En él relata cómo fueron esos días cargados de emoción y aventura.
Autor:
Alicia Ortego
Redactora de contenidos y autora del blog Los Viajes de Ali. Antropóloga Social de formación y apasionada de África y los desiertos.
Viaja con nosotros
